¿Te cuesta meditar? Prueba esto

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Dejó dicho Buda que solo hay dos errores que podemos cometer en el camino hacia la verdad: el primero es no recorrerlo hasta el final, y el segundo es no empezarlo. Con la meditación pasa algo parecido. Se trata, sobre todo, de crear una práctica que nos funcione, y comprometernos con ella. Algo en lo que, paso a paso, podemos ir mejorando cada día.

Algunas personas no se atreven a meditar porque les parece que hay que seguir una serie de reglas rígidas y complicadas para hacerlo, pero si buscamos el origen etimológico de la palabra “meditar” veremos que significa simplemente “dedicarse a la contemplación y a la reflexión”. La definición no dice nada acerca de sentarse perfectamente bien con las manos en cierta posición y la mente perfectamente vacía de pensamientos, o de hacer que la práctica dure un tiempo determinado. No, de lo que se trata a la hora de meditar es sencillamente de conectar con nuestra verdadera esencia. Y existen muchas formas de hacerlo.

Muchos meditadores principiantes utilizan las meditaciones guiadas. Escuchar una meditación puede ayudarnos mucho a centrar la mente cuando todavía estamos aprendiendo cómo hacerlo. A mí me encanta empezar o cerrar el día con alguna de las del estudio Diana, y ya considero a los maestros del estudio como mis maestros personales de meditación.

¿Qué otros trucos puedes utilizar para empezar o ser más constante con tu camino meditativo?

  1. Cuenta hasta diez. Cierra los ojos y siéntate cómodo en un lugar tranquilo, con la espalda recta. Inspira y mientras lo haces di silenciosamente: “uno”. Suelta el aire por la nariz con suavidad mientras dices para ti: “dos”. Continúa así hasta llegar hasta diez. Empieza desde el principio cada vez que tu mente se desvíe de la cuenta y se vaya a otro lugar, lo que probablemente sucederá más de una vez al principio. No te preocupes, forma parte del proceso. Tan solo vuelve a inspirar profundamente y di: “uno”…
  2. Date un paseo. La meditación puede ser una actividad que realices en movimiento, no tenemos por qué estar necesariamente quietos o sentados en cierta posición para meditar. La próxima vez que salgas a dar un paseo, prueba a poner todos tus sentidos, toda tu atención en él. Sé consciente por unos momentos de todo lo que pueden percibir tus sentidos: tu vista, el tacto (tus pies sobre la tierra del camino o el asfalto), los olores que percibes, los sonidos que escuchas… Recuerda que meditar es conectar contigo mismo, volver a ti, y este gesto puede ser tan sencillo como darte atención durante el breve tiempo que dure ese paseo.
  3. Aprende del otoño. Siéntate de nuevo en un lugar tranquilo. Respira profundamente. Sonríe. Deja ahora que lleguen a tu mente todos los pensamientos que pasan por tu mente, sin intentar detenerlos. Permíteles llegar y simplemente, obsérvalos. Imagínate que son como las hojas de un árbol en otoño. Las hojas caen, flotan, se van. No te apegues a ellas, déjalas caer y que sigan su camino. Al aceptar tus pensamientos, desordenados, caóticos, positivos, negativos… les quitas el poder que tienen sobre ti y puedes permitirte ser.
  4. Escribe una página. En ocasiones, cuando mi mente está llena de pensamientos caóticos o catastróficos, cojo un bolígrafo y un papel y hago una lista de todas mis preocupaciones. El hecho de volcarlas fuera de mí, en ese papel, me ayuda a crear ya un poco de espacio mental y a disociarme de mis ideas. Hay personas a quienes les funciona sencillamente escribir lo primero que les viene a la mente, sea la lista de la compra, un episodio de que les preocupa especialmente o los distintos pasos de un plan para solucionar un problema que les preocupa.
  5. Practica la gratitud. La gratitud es una de las emociones más poderosas y transformadoras que existen. Dar las gracias es una forma rápida y sencilla de salir de nosotros mismos y de bajar revoluciones. Haz la prueba: siéntate y di: “gracias”. No importa lo que creas al respecto o si te sientes raro al hacerlo, o si no sepas muy bien a quién se lo dices. Dilo tres, cuatro, cinco veces, sintiéndolo de verdad, y notarás cómo tu cuerpo se relaja. Puedes empezar con este sencillo ejercicio, y a medida que vayas progresando, puedes ir pensando en cosas concretas por las que te sientes agradecido.

Rocío Carmona